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CARTA A E. N. R.

High Springs, enero 10 de 1996

E. N. R.
H. C.

Estimada hermana, le saludo en el nombre del Señor deseando que estén bien todos por ésa; nosotros bastante mejor, gracias a Dios.
Recibí hoy su carta y agradezco sus palabras de estímulo. Ojalá yo pudiera tener una respuesta para cada pregunta o inquietud de mis hermanos, pero yo también busco respuestas a muchas cosas que no entiendo. De todos modos trataré de decirle algo relacionado con sus interrogantes.
Lamentablemente, es cierto que muchos hermanos se están tomando libertades que antes ni siquiera se sospechaba que pudiera ocurrírsele a alguno de los nuestros.
Estamos de acuerdo en que es bíblico que la mujer no debe cortarse el cabello; lo que algunos cuestionan es si tiene o no importancia el que las hermanas se corten unos pocos cabellos dejando largos los demás.
Bíblicamente lo único que puedo señalar es el caso de Sansón, que aunque era hombre, a él también le estaba prohibido cortarse el cabello. Si los filisteos le hubiesen recortado todo el cabello, de seguro él se hubiera dado cuenta al despertar, pero cuando despertó él pensó que podría liberarse como en otras ocasiones, lo cual da a entender que aparentemente su cabellera estaba como siempre; sin embargo, ya su fuerza extraordinaria le había abandonado porque le habían sido cortadas tan solo siete guedejas de su pelo.
Eso da a entender que lo importante no es tener unos pelos de más o unos pelos de menos; el peligro está en quebrantar la orden divina.
En cuanto al pelo pintado, no encontramos una prohibición explícita en la Biblia debido a que en aquellos tiempos nadie lo hacía; sin embargo, hay muchos versículos que hablan de las canas como algo honroso, así que ningún cristiano debería avergonzarse de sus canas.
Yo no pongo reglas ni quito reglas, pero particularmente opino que un pelo pintado es señal de vanidad en el corazón, y mucho más si se trata de un hombre. A mí me parece que cuando un hombre se pinta el pelo o el bigote está haciendo un papel muy ridículo. Dispénseme si no está de acuerdo conmigo; si le digo estas cosas es porque me preguntó acerca de ello.
Saludos a su familia y demás hermanos en la fe. Le aprecia su hermano en Cristo,

Ob. B. Luis